21 Nov 2015

Upton Sinclair a cara de perro California 1931

bacalao vigilia

Thayer Waldo, Cómo empezó la tecnocracia, testimonio en memoria de Upton Sinclair

Fue una campaña a cara de perro, inusual hasta entonces. Con lamentable olvido de la dudosa valía de su propio candidato los republicanos invirtieron 8.000.000,00 $, cantidad 10 veces por encima del coste medio de las campañas estatales de la época, en un esfuerzo por apartar a los ciudadanos del buen sentido. Se presentó a Upton Sinclair como un siniestro maniaco, un perverso monstruo que se proponía acabar con la religión, la empresa privada y el modo de vida americano. Desprovista esta técnica de cualquier sutileza, las acusaciones más fieras y atrabiliarias se mezclaban con injuriosas patrañas. Se editó un sedicente semanario de 4 páginas que distribuyó por to el estado 1.000.000 ejemplares. En él, aventurando cifras de 1960, se auguraba lo que sería California tras 25 años de programa Sinclair: un desierto sin industria por cuyas carreteras circularían unos pocos coches desvencijados que consumían gasolina importada al precio de 1 $ el galón y donde bandas de parados famélicos atracarían y asesinarían sin miedo a la moral, ya que ésta había sido abolida por los marxistas. La publicación estaba bien hecho porque los republicanos se gastaron lo suyo en comprar a los más hábiles periodistas, también lo fue un documental en color de 10 minutos de duración en el que uno de los secuaces más conservadores de Roosevelt dimitido poco después ponía en guardia a la población contra el peligro de experimentar exóticas innovaciones en un momento de grave crisis nacional. La película convirtió la campaña en un enfrentamiento de clase: exhibida en cines de estreno con las entradas al astronómico precio de 35 a 40 centavos de $ suscitaba fervorosos aplausos pero proyectada en cines de barrio con las entradas entre 10 y 15 centavos de $ promovía algaradas y en algunos casos se suspendía la proyección. Tras un incidente de este tipo entrevisté al gerente de un local.

- ¿Por qué se arriesga a exhibirla -pregunté-, hay dinero por medio? El hombre me miró indignado.

- ¿Usted cree que me gusta exhibir eso? ¿Piensa que me pagan? Demonio, chico, lo que hay es muchas presiones. No puedo arriesgarme a perder mi licencia. En los gigantescos estudios de la Metro Goldwyn Mayer, en Hollywood, fueron convocados los trabajadores la tarde previa al día de las elecciones. Desde una plataforma sobre ruedas, un sonriente Louis B. Mayer, el más poderoso magnate de la industria cinematográfica, exclamaba:

- Gracias a dios esto es América, la tierra de la libertad. Mañana cada uno de los hombres y mujeres aquí presentes votarán conforme les dicte su conciencia. Pausa. Con cara enrojecida el manipulador de las conciencias de medio mundo se inclinó hacia delante aferrándose al pasamanos de la plataforma. Su sonrisa había desaparecido.

- Sólo que si Sinclair resulta elegido gobernador no vengáis aquí el miércoles porque no habrá trabajo. Parece innecesario informar que Sinclair fue derrotado por más de 100.000 votos. Con enorme calma tornó a su oficio de escritor y en los días de la segunda guerra mundial alcanzó gran popularidad con una serie de novelas de asunto político. Murió en 1971 a sus 93 años pero gracias a la manipulación que los republicanos infirieron a su programa político pasaría mucho tiempo antes de que nadie pudiera referirse a la tecnocracia como algo más que un mal chiste.

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@IreneLopezClub España huele a ajo Detalle de las inscripciones en la lápida de Tanit Calavera de Rupicapra rupicapra Pyrenaica

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